Cualquier chico o adulto que escuche "El viajar es un placer / que nos suele suceder / en el auto de papá / nos iremos a pasear" se acuerda de Pipo Pescador. Sus canciones no sólo tienen la increíble virtud de haber marcado a fuego la memoria de aquellos nenes que hoy son padres, sino que también siguen deslumbrando a las nuevas generaciones con la misma fórmula de antaño: ritmos simples, poesía y mucho respeto. "Los niños de hoy no son tan distintos de los de hace 20 años. Sólo hay que saber tratarlos", comentó Pipo, cuyo verdadero nombre es Enrique Daniel Fischer. Momentos antes de partir a Buenos Aires (el espectáculo que iba a presentar ayer en el Alberdi debió reprogramarse para el mes que viene a causa de la indisposición de uno de los artistas de la compañía), el cantante dialogó con LA GACETA y habló de la vejez, del desafío de ser niño y de una televisión que no quiere apostar por los ciclos infantiles.

- ¿Cómo prefiere que lo llame: Pipo o Enrique?

- De cualquiera de las dos formas. Mi nombre verdadero es Enrique Fischer y mi nombre artístico, Pipo Pescador.

- ¿Y se puede disociar a uno del otro?

- Claro. En una época estaban unidos, pero yo era muy joven y no tenía conciencia de las fronteras entre la ilusión y la realidad. Hoy tengo bien claras las fronteras y sé perfectamente hasta dónde llega Pipo Pescador y hasta dónde puede llegar Enrique Fischer.

- Pero el éxito sigue intacto... De hecho, su nombre es casi una marca registrada en nuestra cultura.

- Bueno, es una condición que la fortuna me ha dado. Algo que le agradezco mucho a la vida. Por suerte la gente me recuerda y me tiene como una figura tradicional. Y sí... podría decirse que soy algo así como el Chandon de los niños.

- Hasta el tiempo parece serle esquivo...

- Físicamente trato de mantenerme dignamente. No igual que cuando era joven, que era un bomboncito, pero me cuido y trato de estar flaco. Hago mucha gimnasia y busco estar, a los 64 años, en equilibrio con mi carrera. Eso no quiere decir que me esfuerce por ser más joven porque es imposible. Yo jamás me haría cirugías. No me gusta aparentar una edad que no tengo porque eso resulta algo patético.

- ¿Y cuál es la diferencia entre el Pipo de hoy y el Pipo de los 70?

- Es un Pipo mucho más sabio y menos paciente. Ahora sé muy bien lo que hago y para quién lo hago. Además tengo conciencia de la trascendencia de mi energía.

- ¿Y a qué atribuye su vigencia?

- Al uso de fórmulas elementales que a los niños les fascinan. En este sentido, los chicos de hoy no son muy diferentes a los chicos de hace 20 o 30 años. Lo que pasa es que los chicos de hoy están acostumbrados a una presentación audiovisual más sofisticada, están muy pendientes del marketing. Pero, en el fondo, la niñez es la misma. Es una época de la vida en la que se puede aprender cosas maravillosas. Por eso me enojo mucho cuando veo un niño en situación de pobreza extrema o de abandono. La sociedad tiene un compromiso profundo con el niño, porque ese pequeño es su futuro. Es nada menos que el heredero del futuro.

- ¿Cree que la niñez es cada vez más corta?

- Por supuesto. Mi madre siempre decía que ella jugó a las muñecas hasta los 15 años. Yo mismo me acuerdo de que, a los 11 años, todavía tenía fantasías y proyectos que eran totalmente infantiles. Recién hablábamos de adolescencia cuando tocábamos los 15 años. Hoy, los niños están muy apresurados. A los 11 años ya hablan de novios y quieren ir a fiestas con chicas. Yo no quiero decir que esto esté mal, pero sí creo que hay un apuro de los padres por integrar a sus hijos a la sociedad lo más rápido posible. Porque la sociedad no tolera nada que no pueda integrar y controlar. Y en esto se incluyen los extremos, es decir, la vejez y la niñez. Hoy estas etapas de la vida son menospreciadas, como si tuvieran poco brillo.